¿Qué es el coaching existencial?

Una guía sencilla para entenderlo

¿Te ha pasado alguna vez que, por fuera, todo parecía en orden y, por dentro, algo no encajaba? La rutina funcionaba, los objetivos se cumplían y, aun así, una pregunta se te colaba en los momentos de silencio: ¿para qué hago todo esto?, ¿es esta la vida que quiero vivir?

Si te suena, no estás sola, y no te pasa nada raro. Esa pregunta es una de las más humanas que existen, y el coaching existencial nace precisamente para acompañarla. No te va a dar fórmulas ni atajos. Te ofrece un espacio para mirar tu vida de frente, con calma y sin juicio, y decidir desde ahí cómo quieres vivirla.

En este artículo te cuento, sin tecnicismos, qué es el coaching existencial, en qué se basa y qué ideas lo sostienen. Si lo que te interesa es en qué se diferencia del coaching orientado a objetivos, lo explico en este otro artículo.

En pocas palabras

  • El coaching existencial es un acompañamiento para explorar cómo estás viviendo y cómo quieres vivir, a partir de las grandes preguntas de la vida: el sentido, la libertad, los vínculos y el hecho de que todo es finito.
  • No empieza estableciendo una meta (a diferencia del coaching tradicional), sino explorando tu experiencia: lo que sientes, lo que valoras, lo que temes y lo que anhelas.
  • Te mira como una persona completa, con cuerpo, relaciones, mundo interior y valores, y entiende el dolor como una señal que merece ser escuchada.
  • No es psicoterapia: no diagnostica ni trata trastornos mentales.

¿Qué es el coaching existencial?

Mujer reflexionando y mirando el paisaje por una ventana

Dicho de forma sencilla, es un acompañamiento en el que, junto a una persona formada para ello, exploras cómo estás viviendo y cómo te gustaría vivir. Y lo haces a la luz de esas preguntas que todas nos hacemos tarde o temprano: qué sentido tiene lo que hago, cuánta libertad tengo de verdad, qué me une a los demás, qué hago con el hecho de que la vida no es infinita.

La diferencia con otros enfoques está en el punto de partida. Aquí no empiezas por una meta, sino por tu propia experiencia. Las metas, si llegan, surgen de ahí.

No es una moda reciente. Sus raíces están en la filosofía existencial, que lleva más de un siglo preguntándose qué significa vivir una vida humana. De ahí se trasladó a la psicología, creándose las terapias existenciales. Y luego se aplicó al coaching, un campo que sigue en construcción. Surgió y se afianzó en los países anglosajones, especialmente en EE.UU. y en el Reino Unido. Y  en América Latina existe también una rica tradición de psicoterapias existenciales y coaching existencial, con sociedades e institutos propios.

Una aclaración de vocabulario: en este artículo uso la expresión «coaching existencial» porque es la más conocida y la que más se busca. En mi práctica, sin embargo, prefiero hablar de «acompañamiento existencial», porque describe mejor lo que sucede: no te dirijo ni te trato, camino a tu lado mientras exploras tu propia vida.

¿En qué se basa el coaching existencial?

Tiene tres raíces, y ninguna es complicada.

  • La filosofía existencial. Las grandes figuras de la filosofía existencial, como Søren Kierkegaard, Martin Heidegger, Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir o Albert Camus, discrepan en muchas cosas, pero coinciden en una idea de fondo: no nacemos con un guion escrito. Somos seres que se van construyendo con las decisiones que tomamos en nuestra vida.
  • Mirar la experiencia tal como se vive. Es lo que se conoce como fenomenología, y significa atender a lo que te ocurre sin ponerle etiquetas ni interpretarlo de antemano. Quien te acompaña no parte de «ya sé lo que te pasa», sino de la curiosidad.
  • Las terapias existenciales. Son una familia amplia de terapias basadas en la psicología pero que beben de fuentes filosóficas, en concreto de la filosofía existencial. Hay diversas escuelas, como la británica, el análisis existencial, la logoterapia, la escuela estadounidense y los desarrollos latinoamericanos. De ellas toma el coaching existencial su manera de entender a las personas.

Dentro de esa familia merece una mención Viktor Frankl, el psiquiatra vienés que creó la logoterapia tras sobrevivir a los campos de concentración nazis. Frankl pensaba que lo que más nos mueve no es el placer (como defendía Sigmund Freud) ni el poder (como proponía Alfred Adler), sino lo que llamó «la voluntad de sentido», es decir: la necesidad de que lo que vivimos signifique algo, tenga un sentido.

Otro psicoterapeuta y autor destacado es el estadounidense Irvin Yalom, que ordenó cuatro grandes temas con los que, tarde o temprano, nos topamos todas las personas: la muerte, la libertad, el aislamiento y la falta de sentido. No son temas nuevos, al contrario, son cuatro de las grandes cuestiones que explora la filosofía existencial, pero los articuló como marco para el acompañamiento terapéutico.

¿Cuáles son los fundamentos del coaching existencial?

Hay cinco ideas que lo sostienen:

  1. Eres una persona completa, un sistema integrado, no un conjunto de áreas separadas.
  2. Preguntarte por el sentido no es un lujo, ni un síntoma, sino la esencia de una vida vivida con conciencia.
  3. Libertad y responsabilidad van de la mano, dentro de los límites de cada situación.
  4. El objetivo de vivir no es crear una «vida perfecta», sino una «vida auténtica».
  5. El dolor es información: no es una avería que reparar, sino la expresión de nuestra esencia, de nuestra alma y, por tanto, una voz que debemos escuchar.
Infografía con 5 ideas clave del coaching existencial

Vamos a ver ahora estas cinco ideas con más detalle.

1. Eres una persona completa

La tradición existencial no te divide en compartimentos, sino que te mira de forma integral. Para estructurar esta exploración, propone mirar tu vida en cuatro dimensiones, que a veces se llaman «mundos»:

  • Tu mundo físico (Umwelt): el cuerpo, la salud, el entorno, la naturaleza, el dinero u otros bienes materiales.
  • Tu mundo social (Mitwelt): tus relaciones, tu sentido de pertenencia, tu lugar entre las demás personas.
  • Tu mundo personal (Eigenwelt): tu identidad, tus emociones, cómo te relacionas contigo misma.
  • Tu mundo espiritual (Überwelt): tus valores, tus creencias, tus ideales y el sentido que le das a lo que vives.

Las tres primeras las propuso el psiquiatra Ludwig Binswanger y las desarrolló después el psicoterapeuta Rollo May. La cuarta la añadió la terapeuta Emmy van Deurzen. En cada una hay desafíos y contradicciones que conviene explorar.

¿Qué consecuencia tiene esto? Que el trabajo, la pareja o la salud no se tratan como áreas aisladas, sino viendo cómo se entrelazan. Un conflicto en la oficina puede ser, en el fondo, una pregunta de valores. Una crisis de pareja, una pregunta de identidad. En mi propio modelo de trabajo, la Triple Conciencia (VIVIR, INTER-SER y SER) expresa esa misma idea de integración.

2. Preguntarte por el sentido no es un lujo

Frankl observó algo que quizá reconozcas: la felicidad no se consigue persiguiéndola. Llega como consecuencia de entregarte a algo que te importa más que tú misma, una persona, una causa, un trabajo con significado. Desde esta mirada, el sentido es una fuente de felicidad, pero no de la que se busca, sino de la que aparece por añadidura.

Eso sí, felicidad y sentido no son lo mismo. Algunos estudios internacionales han visto, por ejemplo, que la satisfacción con la vida es mayor en los países ricos, mientras que la sensación de que la vida tiene sentido es mayor en los países pobres. Pueden ir de la mano, pero no siempre lo hacen.

Hay además un debate abierto: ¿el sentido se descubre o se crea? El fundador de la logoterapia, Viktor Frankl, pensaba que se descubre, porque cada situación de la vida nos plantea una pregunta a la que respondemos, y en esa respuesta está el sentido. El filósofo existencial Jean-Paul Sartre, en cambio, sostenía que la vida no tiene un sentido previo, y que las personas vamos construyendo el sentido con nuestras decisiones. Y la psicoterapeuta existencial Emmy van Deurzen propone un punto intermedio: lo que necesitamos es un marco de referencia coherente desde el que orientarnos, un «marco de sentido» general que nos funcione, que nos resulte satisfactorio y operativo en cada momento de la vida; ya sea descubierto, construido o una mezcla de ambos. El coaching existencial no te impone una respuesta; te invita a encontrar la tuya.

3. Libertad y responsabilidad

Según la filosofía y el coaching existenciales, construir una vida feliz o, cuanto menos, lo más auténtica posible, es nuestra responsabilidad. Para ello, nacemos libres. Es más, en palabras de Sartre, estamos «condenados a ser libres»; es decir: no podemos dejar de elegir, nunca, ni siquiera cuando decidimos no hacerlo, pues eso, también, es una decisión. Pero esa libertad no es infinita. Heidegger habló de «facticidad» para referirse a todo lo que no elegimos y que nos determina: el cuerpo que tienes, la familia en la que naciste, la época que te ha tocado vivir. La pregunta no es cómo escapar de esos límites, sino qué hacer con ellos: cómo crear una vida auténtica con todo el margen de libertad pero también con todos los condicionantes que nos vienen dados.

Frankl lo resumió así: cuando una situación ya no se puede cambiar, el reto es cambiar la actitud con la que la afrontas. Esta idea, inspirada en el filósofo existencial Friedrich Nietzsche, nos indica que, aunque no siempre podemos elegir «qué» nos ocurre, siempre podemos elegir «cómo» lo vivimos. Esto no es resignarse, sino al contrario: utilizar nuestra liberta para vivir de forma auténtica.

4. Una vida auténtica, no perfecta

Ser «auténtica» no consiste en descubrir un «yo verdadero» fijo y serle fiel para siempre. De hecho, no existe un «ser fijo», sino que vamos cambiando a lo largo del tiempo. Vivir de forma auténtica es hacerlo en coherencia con nuestros valores éticos, nuestro sentido de la vida y nuestro propósito vital. Y este puede (y suele) ir cambiando en distintas etapas de la vida. Según una lectura de la filosofía de Heidegger, debemos mantener los compromisos con nosotras mismas mientras sigan teniendo sentido, pero debemos también estar dispuestas a soltarlos cuando dejamos de sentirlos como nuestros. Es una autenticidad viva, que admite dudas, giros y reinvenciones.

Mujer reflexionando frente a un espejo

Por eso el coaching existencial no te propone un ideal de perfección. Te propone una relación más honesta contigo misma y con la vida que de verdad estás viviendo.

5. El dolor como información

Cuando sientes angustia, vacío o desorientación, lo habitual es querer eliminarlos cuanto antes, y a ello se orientan, en ocasiones, las psicoterapias. La psicología y la psiquiatría pueden ayudar mucho, con terapia o con medicación cuando hace falta, pero no siempre agotan lo que nos pasa: a veces el malestar tiene también una dimensión existencial. Por ello, el enfoque existencial escucha la angustia o el dolor de otra manera: como señales. Preguntarse por el sentido de la vida no es una enfermedad, sino una señal de que estamos vivas y necesitamos entender qué es la vida y definir cómo queremos vivirla. Es decir, un indicador de que no vivimos en piloto automático. Porque, en muchas ocasiones, nuestros problemas emocionales no tienen una base psicológica sino filosófica.

Esto no significa idealizar el sufrimiento ni creer que todo dolor «trae una enseñanza». Hay dolores que necesitan atención profesional, y de eso hablo a continuación.

¿En qué se diferencia de la terapia y de la psicoterapia existencial?

Aunque a veces se mezclan, el coaching existencial, la terapia existencial y la psicoterapia existencial son tres cosas distintas. La psicoterapia existencial la ejercen profesionales de la psicología o la psiquiatría, y es la única que diagnostica y trata trastornos mentales. La terapia existencial parte de la misma filosofía, pero la practican personas con una formación específica en este enfoque, aunque no sean psicólogas, de forma parecida a lo que ocurre con la terapia Gestalt. Y, en la manera de trabajar, su enfoque es más filosófico que psicológico. Y el coaching existencial aplica esa mirada al acompañamiento de personas que quieren explorar su vida sin que haya un trastorno que tratar, utilizando más técnicas de coaching. Estas son, a grandes rasgos, sus diferencias, pero son campos jóvenes y cada profesional los aplica a su manera, así que sus fronteras no están del todo definidas. Por mi parte, yo lo llamo acompañamiento existencial: nace de mi formación como terapeuta existencial e integra elementos de coaching, de PNL y de ecopsicología en un método propio.

En todo caso, es importante saber cuándo es mejor acudir a profesionales de la salud mental: si atraviesas un malestar intenso o persistente, si sientes que no puedes con tu día a día, si tienes pensamientos de hacerte daño o si necesitas un diagnóstico.

Tres preguntas para empezar a explorar

No necesitas una sesión de acompañamiento existencial para empezar a mirar tu vida con ojos existenciales. Si quieres profundizar, prueba a responder, por escrito y sin prisa, a estas tres preguntas:

  • ¿Qué me está pidiendo mi vida ahora mismo? Que la respuesta no sea una meta, sino una escucha: ¿qué situación, qué relación o qué decisión está llamando a tu puerta?
  • ¿En cuál de las cuatro dimensiones me siento más desatendida? Cuerpo y entorno, vínculos, identidad o valores: ¿cuál reclama hoy más atención?
  • ¿Qué compromiso sigue siendo mío y cuál mantengo por inercia? Revisar lo que sostienes no te obliga a abandonarlo, pero es importante identificarlo. Y, desde ahí, puede ayudarte a elegirlo de nuevo.
Coaching existencial: Tres preguntas para iniciar una reflexión

El camino que comienza aquí

El acompañamiento existencial no es un destino al que se llega, sino una forma de caminar: con más lucidez, con más honestidad y con más hondura. No te dice cuál es tu sentido. Te acompaña a formular las preguntas, a escucharlas, a sostener la incertidumbre y a elegir, aun sin certezas, hacia dónde dar el siguiente paso.

Quizá el primer gesto sea tan sencillo como detenerte, respirar y permitirte preguntar. A veces, ahí empieza todo.

Para saber más

Si te apetece seguir leyendo, te recomiendo estos libros:

  • El hombre en busca de sentido, de Viktor E. Frankl (Herder, 2015). Nos presenta el relato de su experiencia en los campos de concentración y una reflexión sobre cómo encontrar sentido incluso en el sufrimiento. Si te apetece leer una reseña, he escrito un artículo aquí.
  • Mirar al sol: Superar el miedo a la muerte para vivir con plenitud el presente, de Irvin D. Yalom (Destino, 2021). Un ensayo de divulgación sobre el miedo a la muerte y lo que ocurre cuando nos atrevemos a mirarlo de frente.
  • En el café de los existencialistas, de Sarah Bakewell (Ariel, 2021). Una historia del existencialismo con foco en Sartre, de Beauvoir y su círculo en los cafés de París; una puerta de entrada a las ideas de las que hemos hablado.

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