El hombre en busca de sentido: lo que la vida nos pregunta

Una reseña del libro de Viktor Frankl, leída en tres dimensiones: VIVIR, INTER-SER y SER

Hay preguntas que llegan en los momentos más corrientes: mientras esperas el autobús, ante el fregadero, cuando te desvelas a las tres de la madrugada… Preguntas como: ¿para qué hago todo esto? ¿qué sentido tiene lo que me ocupa cuando el mundo parece arder a mi alrededor? Son preguntas antiguas, y quizá por eso muchas personas vuelven, una y otra vez, a un libro publicado hace décadas por un psiquiatra vienés que sobrevivió a los campos de concentración nazis. El hombre en busca de sentido, de Viktor Frankl, es un libro que he recomendado en varios artículos de este blog, una obra clásica que ha vendido más de 10 millones de copias en todo el mundo. Hoy me gustaría detenerme en él con más calma: contar de qué trata, leerlo con el mapa de tres dimensiones que uso en mi trabajo (Mi Modelo de Triple Conciencia: VIVIR, INTER-SER y SER), ver cómo podemos aplicarlo en nuestra vida diaria y preguntarnos qué puede decirnos cuando lo que nos duele es también el estado del mundo. Es una lectura personal, hecha desde mi mirada.

En pocas palabras

    • El libro tiene dos partes: el relato de Frankl sobre su vida en los campos de concentración nazis y una exposición breve de la logoterapia, la «terapia a través del sentido».
    • Su idea central es que lo que más nos mueve no es el placer ni el poder, sino la «voluntad de sentido».
    • Frankl propone que el sentido de la vida no se inventa sin más: se descubre respondiendo a lo que cada situación nos plantea. La vida nos pregunta, y nosotras respondemos.
    • Leído con mi Modelo de Triple Conciencia, el libro habla de la tarea que nos sostiene (VIVIR), de lo que nos une a algo más grande (INTER-SER) y de la libertad de elegir nuestra actitud (SER).
    Portada del libro "El hombre en busca de sentido" de Viktor Frankl

    ¿Quién fue Viktor Frankl y de qué trata el libro?

    Viktor Frankl, psiquiatra vienés nacido en 1905 y fallecido en 1997, creó la logoterapia, una escuela de terapia existencial centrada en el sentido, y contó en este libro su experiencia como prisionero en los campos de concentración nazis. En 1942 fue deportado junto a su esposa y sus padres al gueto de Theresienstadt. En 1944 lo trasladaron a Auschwitz y después a los campos de Kaufering y Türkheim, donde fue liberado el 27 de abril de 1945. Su esposa, sus padres y su hermano murieron en los campos de concentración.

    El libro tiene dos partes. La primera es el relato, descarnado, de la vida en el campo, contado desde dentro. La segunda es una exposición breve de la logoterapia, la «terapia a través del sentido» que Frankl había creado antes de su detención, y que puso a prueba de la manera más dura imaginable durante su concentración.

    Una advertencia de contenido: la primera parte describe con crudeza el hambre, el frío, la violencia y la muerte. Quizá convenga leerla con tiempo y en un momento en que haya energía para ello, y dejarla a un lado, sin culpa, si en algún momento pesa demasiado.

    ¿Cómo leer este libro con el Modelo de Triple Conciencia?

    Te propongo leer este libro como una conversación entre tres dimensiones de una misma vida. Lo que sigue es mi lectura, no la de Frankl. El Modelo de Triple Conciencia es el mapa con el que miro la vida cuando acompaño a otras personas. Tiene tres dimensiones, siempre en este orden: VIVIR (la dimensión vital: lo que piensas, sientes y notas en el cuerpo, la energía con la que atraviesas los días y tu propósito vital), INTER-SER (la dimensión ecosistémica: tus vínculos con las personas, colectivos y el mundo natural) y SER (la dimensión existencial: tu cosmovisión, tus valores éticos y el sentido de tu vida). Si quieres saber más, en este artículo expongo en detalle el Modelo, y en este otro expongo cómo se puede aplicar en un ejercicio de autoconocimiento.

    ¿Por qué Triple Conciencia? Para mí, la conciencia es la capacidad de observarte y verte a ti misma de forma activa, y de tomar decisiones en coherencia con el sentido de tu vida y con tu propósito vital. Frankl llamó autodistanciamiento a la capacidad de mirarse con cierta perspectiva, sin dejarse arrastrar por lo que sentimos; es lo que yo llamo, con otras palabras, conciencia. Frankl tenía su propia manera de hablar de dimensiones (cuerpo, psique y espíritu), distinta de la mía, así que conviene no confundirlas. Y situar una de sus ideas en una dimensión de mi mapa es solo una convención, porque en la vida todo se entrelaza.

    VIVIR: ¿qué nos sostiene en el día a día?

    Para Frankl, tener una tarea que cumplir y un «porqué» para vivir sostiene a las personas incluso en las circunstancias más duras, como pueda ser un campo de concentración. En mi mapa, esto está en VIVIR, porque el propósito vital se concreta en la energía y en los días. Frankl describe cómo, frente a la dureza de las condiciones de vida en la detención, muchas personas caían en la apatía, la irritación, el dolor, la depresión. El cuerpo, las emociones y la energía vital, es decir, la dimensión VIVIR, quedaban reducidos a lo mínimo. Frente a eso, el libro insiste en algo que parece pequeño pero no lo es: la importancia de encontrar un sentido a lo que estamos viviendo. Él mismo cuenta que, al llegar a Auschwitz, le confiscaron un manuscrito que estaba ya listo para su publicación. En lugar de hundirse, el deseo de volver a escribirlo le ayudó a sobrevivir: anotó apuntes en tiras de papel para reconstruirlo si llegaba vivo al día de la liberación.

    Unas manos de mujer sostienen una brújula como metáfora de encontrar el sentido a la vida

    Esta es la primera de las tres vías que Frankl propone para encontrar sentido a lo que nos ocurre: los valores de creación o, lo que es lo mismo, lo que damos al mundo. Puede ser un trabajo, un proyecto o una obra, pero también una huerta, una clase, el cuidado de alguien o un proyecto comunitario al que nos sumamos. La clave no está en la grandeza de lo que hacemos, sino en lo que significa para nosotras.

    Frankl recoge una frase del filósofo Friedrich Nietzsche que resume bien esta idea: «Quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo«. No habla de productividad ni de éxito, sino de orientación: saber para qué hacemos lo que hacemos nos permite atravesar las adversidades del camino.

    INTER-SER: ¿qué nos une a algo más grande que nosotras?

    Frankl sostiene que el ser humano se realiza plenamente cuando se orienta hacia algo o alguien que no es él mismo: una persona amada, una causa, una comunidad. A esa capacidad la llama autotrascendencia, y a mí me parece muy cercana a la dimensión INTER-SER.

    De las tres vías hacia el sentido que propone, la de los valores de experiencia es la que más me recuerda a INTER-SER. Son lo que recibimos del mundo: la belleza, el amor, la naturaleza, la cultura, el encuentro con otra persona… En el libro, la capacidad de conmoverse, de recordar a alguien querido o de contemplar la naturaleza aparece como una forma de mantener viva la humanidad incluso en el campo de concentración.

    Frankl advierte además que la plenitud no se alcanza persiguiéndola. Solo en la medida en que nos entregamos a una tarea o a una persona, nos realizamos a nosotras mismas: la plenitud llega como un efecto, no como una meta directa. 

     

    SER: ¿qué libertad nos queda y qué nos pregunta la vida?

    Frankl encontró inspiración para su trabajo en la Filosofía Existencial, de la que era un profundo conocedor. Según esta escuela filosófica, el ser humano tiene siempre una libertad última, aún en las circunstancias más adversas: la libertad de elegir nuestra actitud ante lo que nos sucede. Y la vida, en cada situación, nos hace preguntas a las que respondemos con lo que hacemos y con cómo lo hacemos. Para mí, este es el corazón filosófico del libro, y vive en la dimensión SER.

    La libertad que defiende Frankl no es una libertad sin condiciones. Reconoce que el cuerpo, la historia y el entorno nos limitan. Es la libertad de adoptar una actitud ante esos condicionantes. Al ser humano se le puede arrebatar casi todo, decía, salvo «la última de las libertades humanas»: la elección de la actitud personal ante las circunstancias. No es un optimismo barato, sino una dignidad que él vio en acción: personas que consolaban a otras y compartían su último trozo de pan, pocas, pero suficientes para mostrar que ni siquiera allí estaba decidido de antemano en qué se convertiría cada cual.

     “Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas -la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias- para decidir su propio camino.”

    Viktor Frankl

    Victor Franklin, psicólogo y psiquiatra, fundador de la Logoterapia

    Frankl se preguntó qué es lo que mueve de verdad al ser humano. Para el fundador del psicoanálisis, Sigmund Freud, era la búsqueda del placer; para el psiquiatra Alfred Adler, la voluntad de poder. Frankl propuso otra respuesta: la voluntad de sentido. Cuando esa necesidad se frustra, aparece lo que llamó “vacío existencial”: la sensación de que nada importa realmente, de vivir en piloto automático, cumpliendo roles sin saber muy bien para qué. Si alguna vez te has preguntado «¿es esto todo?», quizá hayas rozado lo que Frankl describe. No es una enfermedad ni un fallo: es una pregunta, y una de las más humanas y profundas que existen.

    Aquí aparece uno de los giros más potentes del libro. Frankl propone invertir la pregunta: en lugar de preguntarnos qué esperamos de la vida, reconocer que es la vida la que nos pregunta, en cada situación concreta, y que respondemos con lo que hacemos y con la actitud con la que lo hacemos. Dejamos así de ser espectadoras de nuestras circunstancias y pasamos a ser alguien a quien se le encomienda una tarea. ¿Qué me está pidiendo la vida en este momento?

    De ahí la tercera vía, los valores de actitud: cuando ya no podemos cambiar el destino con nuestra acción, todavía podemos elegir cómo lo afrontamos. Frankl insiste en que esto se aplica a lo inevitable. No se trata de buscar el sufrimiento, de glorificarlo ni de pensar que todo dolor trae una enseñanza. Es una de las ideas más profundas del libro y también una de las más delicadas.

    Infografía resumen de las tres vías de sentido de Viktor Frankl y la Logoterapia

    ¿Puede el libro ayudarnos hoy ante el dolor ecosocial?

    Creo que puede acompañarnos, con algunas cautelas. La primera: la situación de quienes sufrieron los campos no se parece a la nuestra, y este artículo no pretende compararlas. Lo que Frankl observó sobre la capacidad humana de encontrar sentido puede iluminar, con toda la distancia necesaria, preguntas de otro orden.

    Muchas personas sentimos dolor ante el deterioro del planeta (lo que a veces se llama, no del todo bien, ecoansiedad). Ese dolor no es una enfermedad que haya que curar ni una debilidad: es una expresión de nuestra sensibilidad y de nuestra lucidez, y la prueba de que el vínculo existe, porque duele lo que importa. Frankl escribió desde otra época y otra experiencia, pero su idea de autotrascendencia aporta un marco que lo honra sin patologizarlo.

    Mujer mirando por la ventana con un marco de optimismo, con el que el paisaje se ve en color

    Las tres vías pueden leerse como tres maneras de habitarlo. Los valores de creación hablan de las acciones posibles que podemos ofrecer al mundo: crear, educar, cuidar, construir comunidad, sumarse a causas que nos importan. Los valores de experiencia, nos hablan de la belleza y de los vínculos que todavía existen y que merece la pena celebrar; no como escapismo, sino como una manera de recordar por qué importa lo que importa. Y los valores de actitud, nos hablan de cómo afrontar el dolor que no podemos evitar: cómo lo sostenemos, con quién y desde qué valores.

    Conviene decir también lo que el libro no pide. No se trata de elegir entre paralizarse o actuar, ni de convertir el dolor en acción inmediata. Hay días sin fuerzas, y no hay nada que reprochar en ellos. A veces el dolor necesita ser sostenido antes de transformarse; a ese proceso lo llamo «alquimia de la sensibilidad»: convertir lo que duele en algo que nos mueve, a su ritmo. Y si el malestar te desborda, pedir apoyo profesional también es una forma de cuidado.

    ¿Para quién puede ser este libro?

    Para quien se hace preguntas sobre el sentido de su vida y quiere leer en primera persona a uno de los grandes referentes de la terapia existencial. Puede resonar especialmente si:

    • Sientes que tu vida va en piloto automático y te gustaría reconectar con lo que de verdad importa.
    • Atraviesas una transición, una pérdida o una crisis y buscas un marco para darle sentido.
    • Sientes dolor ecosocial y buscas una mirada que te ayude a honrar tu dolor sin patologizarlo.
    • Te interesa la filosofía existencial y te apetece una puerta de entrada que sea también un testimonio humano.

    No ofrece técnicas rápidas ni recetas. Su regalo es de otro tipo: una manera de mirar que invita a detenerse y a cuestionar creencias.

     ¿Qué preguntas nos deja el libro?

    Te propongo cuatro preguntas, una por dimensión y una que las une, por si te apetece anotarlas en un cuaderno y reflexionar… sin prisa y sin buscar la respuesta correcta, porque no existe.

    • VIVIR: ¿qué me ha pedido hoy la vida? ¿En qué momentos he respondido con presencia y en cuáles en piloto automático? ¿Qué tarea, grande o pequeña, da sentido a mis días en esta etapa?
    • INTER-SER: ¿qué experiencia reciente de belleza, de amor o de naturaleza me ha recordado por qué importa lo que importa? ¿Con quién o con qué siento que formo parte de algo más grande?
    • SER: ante aquello que no puedo cambiar, ¿qué actitud sería más coherente con la persona que quiero ser?
    • Las tres juntas: ¿en cuál de las tres dimensiones siento hoy más ruido, y cuál pide más atención?

    Otra posibilidad es dibujar tres columnas (lo que doy al mundo, lo que recibo de él y cómo afronto lo que no puedo cambiar) y observar qué aparece en cada una. Y si te apetece volver a estas preguntas dentro de unas semanas, quizá descubras que algunas respuestas han cambiado.

    Para terminar

    Quizá lo más valioso de El hombre en busca de sentido no sea una respuesta, sino el giro de la pregunta. No se nos pide que descubramos de una vez el sentido de la vida en general, sino que atendamos a lo que esta vida, hoy, en esta situación concreta, nos pregunta. A veces la respuesta será una tarea; otras, un vínculo que cuidar; otras, una actitud con la que sostener lo que no se puede cambiar. En las tres dimensiones cabe una misma esperanza, sin ingenuidad: que incluso en los márgenes más oscuros sigue siendo posible responder con sentido.

    Para saber más

    Si te apetece leer más, te dejo algunas recomendaciones de libros y de otros artículos de este blog.

    • El hombre en busca de sentido, de Viktor E. Frankl (Herder, 2015). El relato de Frankl sobre su experiencia en los campos de concentración y una introducción a la logoterapia.
    • Mirar al sol: Superar el miedo a la muerte para vivir con plenitud el presente, de Irvin D. Yalom (Destino, 2021). Un ensayo de divulgación sobre el miedo a la muerte y lo que ocurre cuando nos atrevemos a mirarlo de frente.
    • En el café de los existencialistas, de Sarah Bakewell (Ariel, 2021). Una historia del existencialismo con foco en Sartre, de Beauvoir y su círculo; una puerta de entrada a las ideas de las que hemos hablado.

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