Una mujer de 45 años acaba de conseguir el ascenso por el que llevaba años trabajando. Despacho nuevo, equipo a su cargo, felicitaciones de todo el mundo. Y esa noche, al llegar a casa, aparece algo que no esperaba: un vacío.
Quizá te suene. A veces no es un ascenso, sino la decisión de reinventarte profesionalmente después de veinte años en el mismo sector. O ese momento que solemos llamar «crisis de los 40» o «crisis de los 50», en el que lo que antes bastaba deja de bastar. En todos estos casos conviven dos preguntas distintas: cómo llegar y adónde (o para qué) queremos ir.
Si esa mujer acudiera a un coaching tradicional, probablemente empezaría por definir la siguiente meta. Y quizá sería justo lo que necesita. Pero a veces el problema no es adónde ir, sino si el rumbo sigue siendo nuestro. Ahí es donde los caminos se separan.
En este artículo te cuento con honestidad cómo se diferencian ambos enfoques: qué aporta cada uno y cuándo conviene elegir uno u otro. Si antes quieres conocer a fondo el coaching existencial, puedes empezar por este otro artículo.
En pocas palabras
- El coaching tradicional, orientado a objetivos, es especialmente útil cuando sabes qué quieres lograr y necesitas un método para llegar.
- El coaching existencial es más adecuado cuando la pregunta es anterior: qué quieres de verdad, qué le da sentido a tu vida o si el camino que sigues sigue siendo tuyo.
- No son enemigos ni opciones excluyentes: responden a preguntas distintas y, a veces, se complementan.

¿Qué es el coaching tradicional y cuándo funciona mejor?
Cuando hablo de «coaching tradicional» me refiero al coaching orientado a objetivos y resultados, el modelo más extendido en el mundo profesional y empresarial. Su lógica es clara: defines una meta, analizas dónde estás ahora, exploras opciones y te comprometes con un plan de acción. El ejemplo más conocido es el modelo GROW, desarrollado en los años ochenta por los consultores Graham Alexander, Alan Fine y John Whitmore. Sus siglas vienen del inglés: Goal (meta), Reality (realidad), Options (opciones) y Will (voluntad o compromiso). Conviene matizar que hay muchos estilos de coaching y que no todos encajan en este esquema; lo uso aquí como punto de comparación.
Este enfoque suele funcionar muy bien cuando:
- Hay claridad de meta. Te ayuda a concretar un objetivo y a convertirlo en pasos medibles.
- Necesitas estructura y compromiso. Sales de cada sesión con acciones definidas y un seguimiento.
- Buscas resultados a corto y medio plazo. Por ejemplo, desarrollar una habilidad, mejorar tu rendimiento o afrontar un cambio con objetivos claros.
Sus límites aparecen cuando:
- La meta no está clara, porque lo que falta no es un plan, sino una dirección.
- Consigues los objetivos y el vacío sigue ahí.
- El malestar se interpreta como un obstáculo que eliminar y no como una señal que escuchar.
- La vida se divide en áreas separadas (trabajo, pareja, salud) que se trabajan por separado.
- Queda poco espacio para preguntas que no tienen una solución práctica: el sentido, la finitud o los dilemas sin salida fácil.
Estos límites no son defectos del coaching tradicional. Son las fronteras naturales de una herramienta diseñada para otro tipo de preguntas.
¿En qué se diferencian el coaching existencial y el coaching tradicional?
La diferencia esencial está en la pregunta de partida. El coaching tradicional suele preguntar «¿cómo consigo lo que quiero?». El coaching existencial se pregunta antes «¿qué quiero realmente y por qué?, ¿qué le da sentido a mi vida?».
La tabla resume las diferencias. Son tendencias generales, no compartimentos estancos: cada profesional puede combinar elementos de ambos enfoques, y en los dos quien acompaña no decide por ti; lo que cambia es lo que facilita. Uso en ella la expresión «coaching existencial» por ser la más conocida, aunque en mi práctica prefiero hablar de acompañamiento existencial.
| Aspecto | Coaching existencial | Coaching tradicional (orientado a objetivos) |
| Pregunta central | ¿Qué le da sentido a mi vida y cómo quiero vivirla? | ¿Cómo alcanzo mi objetivo? |
| Foco temporal | El presente vivido, en diálogo con el pasado y el futuro | El futuro: la meta por alcanzar |
| Definición de éxito | Vivir con coherencia, autenticidad y sentido, aun con incertidumbre | Lograr los objetivos fijados |
| Visión del ser humano | Persona completa, libre y responsable, con cuerpo, relaciones, identidad y valores | Persona con potencial por desarrollar y metas por alcanzar |
| Relación con el dolor | Fuente de información y de transformación: se escucha, no se elimina | Obstáculo que superar o gestionar |
| Metodología principal | Exploración de la experiencia y diálogo reflexivo, sin fórmulas fijas | Estructuras y herramientas definidas (por ejemplo, el modelo GROW) y plan de acción |
| Rol de quien acompaña | Acompaña una exploración abierta, sin marcar el rumbo ni aportar respuestas | Acompaña con estructura: facilita el foco y el seguimiento de los compromisos, sin decidir por la persona |
| Base filosófica | Central: se apoya en la filosofía existencial | Poco explícita |
| Ideal para | Transiciones, crisis de sentido o crisis existenciales, decisiones vitales, vacío pese al éxito | Metas concretas, desarrollo de habilidades, mejora del rendimiento |
Dicho de otro modo: el coaching tradicional parte de la meta y trabaja hacia atrás para trazar el camino. El coaching existencial parte de la persona y deja que el rumbo surja desde ahí.
Hay otra diferencia, más sutil, en la manera de mirar la vida. El coaching tradicional suele repartirla en áreas, cada una con sus objetivos. El coaching existencial mira a la persona como un todo integrado. La tradición existencial habla de cuatro dimensiones entrelazadas: la física, la social, la personal y la espiritual. En mi trabajo las reorganizo a mi manera en tres, que forman mi Modelo de Triple Conciencia: VIVIR (lo que piensas y sientes, tu cuerpo, tu energía y tu propósito vital), INTER-SER (tus vínculos con las personas y con la naturaleza) y SER (tu cosmovisión, tus valores y el sentido de tu vida). No es la única forma de agruparlas, solo la que a mí me resulta más útil para acompañar. Lo cuento con más detalle en este otro artículo.
¿Cómo suenan las conversaciones en uno y otro enfoque?
A veces la mejor manera de entender una diferencia es escucharla. Estas son preguntas típicas de cada enfoque (son solo ejemplos ilustrativos, no un guion):
- En un coaching orientado a objetivos: ¿Qué quieres conseguir en los próximos tres meses? ¿Qué te está frenando? ¿Qué opciones tienes? ¿Qué vas a hacer esta semana y cómo lo vas a medir?
- En un coaching existencial: ¿Qué te importa de verdad? ¿Qué ha cambiado en tu forma de mirar tu trabajo? ¿Qué estás dispuesta a soltar y qué quieres conservar? ¿Qué vida estás eligiendo cada día, aunque no te des cuenta?
Hay dos malentendidos frecuentes. El primero es pensar que el enfoque existencial, por ser más filosófico, es menos práctico. En realidad, las preguntas profundas suelen desembocar en decisiones muy concretas: cambiar de trabajo, poner un límite, retomar un proyecto aplazado. El segundo es creer que el coaching orientado a objetivos es superficial. No lo es: es una herramienta muy valiosa cuando la pregunta es «cómo». Su error solo sería usarla cuando la pregunta es «para qué».
¿Cómo se vería en un caso concreto?
Veámoslo con un caso imaginado, no real. Lucía dirige un equipo y consulta con una coach porque «no es productiva»: aplaza tareas, se dispersa y llega agotada al final del día. Con un enfoque orientado a objetivos, Lucía definiría metas semanales, aprendería a priorizar y fijaría compromisos de seguimiento. Probablemente notaría una mejoría… durante unas semanas. Con un enfoque existencial, la conversación se abriría hacia otro lugar: ¿qué significa para Lucía este trabajo?, ¿en qué momento dejó de ser suyo el rumbo?, ¿qué valores siente que está traicionando? Quizá descubriría que eso que parecía pereza era un mensaje, y que no necesitaba trabajar mejor, sino decidir si quería seguir trabajando así.
Conviene, eso sí, no generalizar. No toda dificultad para concentrarse esconde una crisis de sentido: a veces es simplemente cansancio, sobrecarga o un problema de organización, y en esos casos un enfoque práctico es justo lo que hace falta, sea en coaching tradicional o en coaching existencial. Y si el agotamiento o la dispersión se prolongan, quizá convenga consultarlo también con profesionales de la salud mental, porque a veces tienen una causa de salud que merece su propia atención.

¿Cuándo elegir un enfoque u otro?
Depende de la pregunta que traigas. Te planteo algunas cuestiones que pueden ayudarte a desvelar cuál es el enfoque más adecuado:
- ¿Tengo claro qué quiero lograr y me falta método para llegar? Entonces el coaching orientado a objetivos puede ser tu mejor aliado.
- ¿He conseguido lo que me proponía y, aun así, siento que falta algo? Es una señal clásica para explorar la pregunta por el sentido, y el coaching existencial es perfecto para ello. Lo mismo aplica para las siguientes preguntas.
- ¿Estoy ante una transición (un cambio de etapa, una pérdida, una reinvención) que me desorienta más de lo que me motiva?
- ¿Lo que me inquieta es cómo hacer algo, o si de verdad quiero hacerlo?
- ¿Siento que mis decisiones siguen siendo mías o que avanzo por inercia, por expectativas ajenas?
- ¿Me duele también lo que ocurre en el planeta y no sé qué hacer con ese dolor?
Si te reconoces sobre todo en la primera, probablemente necesites un plan. Si resuenan las demás, quizá necesites antes una exploración. No es una prueba ni un diagnóstico, sino una brújula. Y tampoco es una elección excluyente. Muchas personas necesitan primero aclarar el sentido y, después, pasar a un plan concreto. Las herramientas del coaching orientado a objetivos pueden ser muy útiles en esa segunda fase, y se pueden trabajar tanto con un/a coach tradicional como existencial.
¿Es el coaching existencial lo mismo que la psicoterapia?
No. Ni el coaching tradicional ni el existencial son psicoterapia: ambos trabajan con personas sanas, no diagnostican ni tratan trastornos mentales, ni sustituyen a un tratamiento.

Por otro lado, la psicoterapia existencial, la terapia existencial y el coaching existencial a menudo se confunden,pero son tres cosas distintas. La psicoterapia existencial se basa también en la Filosofía Existencial, y la ejercen profesionales de la psicología o la psiquiatría; es la única de las tres que diagnostica y trata trastornos mentales. La terapia existencial parte de la misma filosofía, pero la practican personas con una formación específica en este enfoque, aunque no sean psicólogas, de forma parecida a lo que ocurre con la terapia Gestalt. El coaching existencial aplica esa mirada al acompañamiento de personas que quieren explorar su vida con más hondura, y aunque se inspira también en la filosofía existencial, recurre a más técnicas de coaching tradicional. En todo caso, es importante subrayar que son campos jóvenes y cada profesional los aplica a su manera, así que sus fronteras no están del todo definidas. Por mi parte, me he formado como terapeuta existencial.
Por eso conviene saber cuándo es mejor acudir a profesionales de la salud mental: si atraviesas un malestar intenso o persistente, si sientes que no puedes con tu día a día o si necesitas un diagnóstico. La psicología y la psiquiatría pueden ayudar mucho. Pero muchas veces, el malestar tiene, además, una dimensión existencial y ahí es donde la terapia y el coaching existencial pueden resultar muy útiles.
¿Y el coaching ontológico?
Hay otras corrientes de coaching que abordan el trabajo con mayor profundidad que el coaching tradicional como, por ejemplo, el ontológico. Según las fuentes del propio sector, parte del pensamiento del ingeniero y filósofo chileno Fernando Flores, que se apoyó, entre otros, en el filósofo Martin Heidegger, una figura también presente en la filosofía existencial. En 1990, sus colegas Rafael Echeverría, autor de Ontología del lenguaje, y Julio Olalla, que después fundó la red Newfield Network, pusieron en marcha sus programas de formación.
Entiende al ser humano a partir de tres dominios (el cuerpo, las emociones y el lenguaje) y parte de una idea poderosa: el lenguaje no solo describe la realidad, también la crea. Se diferencia del coaching existencial en su centro: el ontológico pone el lenguaje en el medio, mientras que el existencial nace de la filosofía y de las terapias existenciales y se centra en las grandes preguntas de la existencia, y muy especialmente, en el sentido de la vida.
¿Cómo explorarlo por tu cuenta?
Si te apetece comprobar la diferencia por ti misma, te propongo un ejercicio sencillo, de unos veinte minutos, que te recomiendo hacer por escrito. Lo llamo «una pregunta, dos conversaciones».
- Piensa en un dilema o una decisión que tengas abierta ahora mismo. Puede ser pequeña o grande.
- Escríbela como una pregunta de «cómo»: ¿cómo puedo organizar esto?, ¿qué opciones tengo?, ¿cuál sería un primer paso? Anota tres opciones y un primer paso posible.
- Escribe la misma situación como una pregunta de «para qué»: ¿para qué quiero esto?, ¿qué le da sentido?, ¿qué valor mío está en juego? Anota lo que aparezca, sin buscar la respuesta correcta, porque no existe.
- Compara las dos páginas. ¿Cuál de las dos conversaciones te ha movido más? ¿Cuál te ha dado alivio y cuál, inquietud?
No hay un resultado bueno ni malo. Quizá descubras que necesitas un plan, o una exploración, o primero una y después la otra. Si te apetece, puedes repetir el ejercicio dentro de unas semanas con otra decisión.

Nadie usa un bisturí para clavar un clavo, ni un martillo para operar. Cada herramienta tiene su momento. El coaching orientado a objetivos es excelente para construir; el existencial, para preguntarse qué merece ser construido.
Si lo que sientes es que ya no sabes si el camino es tuyo, quizá no necesites correr más deprisa, sino detenerte a mirar. Ningún plan puede garantizarte una vida que te pertenezca, pero una pregunta honesta, hecha a tiempo, puede devolverte el rumbo. Y cuando el rumbo vuelve a ser tuyo, hasta el plan de acción más exigente tiene otro sentido.
Para saber más
Si te apetece seguir leyendo, te recomiendo estos libros:
- El hombre en busca de sentido, de Viktor E. Frankl (Herder, 2015). El relato de su experiencia en los campos de concentración y una reflexión sobre cómo encontrar sentido incluso en el sufrimiento. Si te apetece leer una reseña, he escrito un artículo aquí (link).
- Cuatro mil semanas: gestión del tiempo para mortales, de Oliver Burkeman (Planeta, 2022). Un libro que cuestiona la idea de que gestionar mejor el tiempo nos permitirá hacerlo todo, y propone dedicar la vida limitada que tenemos a lo que de verdad importa.
También puedes seguir con otros artículos del blog: