Sobre mí
Hola,
Mi nombre es Ana y soy coach y terapeuta existencial. Más allá de las etiquetas profesionales, soy una ciudadana profundamente comprometida con el cambio social, PAS -Persona Altamente Sensible- de libro, curiosa de nacimiento, adicta a aprender cosas nuevas y con una necesidad vital de compartir las cosas que me apasionan con almas bonitas. Y, por encima de todo eso, soy madre de dos adolescentes que me tienen loca (sí, en ambos sentidos de la expresión 😅).
Mi trayectoria profesional es una sucesión de etapas en las que he estado explorando diversas pasiones: comunicación y periodismo, gestión de proyectos sociales, investigación y docencia universitaria, consultoría… Mis inquietudes me han llevado a reinventarme profesionalmente varias veces y a crear distintos emprendimientos, tanto en España (mi país natal) como en Japón y en Chile, mis países de adopción.
Todas estas piezas del puzle están hilvanadas con un hilo conductor: mi compromiso con la contribución a crear un mundo mejor, basado en la justicia social y la protección medioambiental, y mi propia costumbre de empezar de nuevo cada vez que algo dejaba de tener sentido.
A lo largo de mi carrera he conocido a personas expertas con almas bonitas que me han ayudado a crecer. En algunos momentos, sin embargo, me encontré con preguntas para las que no supe encontrar el acompañamiento que necesitaba. Por ejemplo, para navegar tormentas de dolor ecosocial y ansiedad climática. Y, sobre todo, para atravesar varias crisis existenciales: esos periodos en los que la vida que llevaba dejó de sostenerse y todavía no sabía cuál venía después.
Busqué ayuda y no siempre la encontré. Así que fui abriéndome camino por mi cuenta, a través de la lectura y del estudio: filosofía, espiritualidad, ecopsicología… Y por ahí llegué a una conclusión que hoy es el corazón de mi trabajo: mis crisis no tenían una raíz psicológica, sino filosófica. No me faltaba equilibrio emocional, me faltaba una respuesta a las preguntas sobre el sentido de la Vida (con mayúsculas) y el sentido de mi vida, sobre la libertad y la forma de vivir que quería desplegar.
Por eso creé Plan B: para ofrecer a otras personas el acompañamiento que a mí me habría gustado encontrar. “Plan B” porque crecer es cambiar; porque en los cambios, las reinvenciones y los nuevos inicios están las semillas de la creatividad y la sabiduría, tanto individual como colectiva. Porque cada vez que crecemos y cambiamos, nos acercamos más a nosotras mismas.
Y en alusión, lógicamente, al icónico motto del movimiento ecologista, a nuestra urgente necesidad de crear un Plan B global, una nueva sociedad más sensible y solidaria, un nuevo modelo económico y de relación con la Naturaleza que garantice la sostenibilidad social y medioambiental.
Porque no hay Planeta B, ni vida B.
Experiencia profesional
- Más de 30 años de experiencia en gestión de proyectos sociales, empresariales y de comunicación en ONG, medios de comunicación y empresas.
- He creado 4 proyectos empresariales en los ámbitos del periodismo, la comunicación y la sostenibilidad.
- Más de 10 años de experiencia en la integración de la Responsabilidad Social y Sostenibilidad en empresas, entidades académicas y ONG.
- Profesora de ética empresarial, sostenibilidad y gestión de proyectos sociales (Universidad de Valencia, ESIC University)
- Profesora del Servicio de Formación Permanente de la Universidad de Valencia (formación sobre Responsabilidad Social y Sostenibilidad para profesorado y equipo de gestión)
- Puedes consultar mi trayectoria profesional en www.linkedin.com/in/analcaraz/
Formación académica
Formación en coaching, Terapia Existencial y psicología
- Terapeuta existencial (Instituto Gestalt de Valencia)
- Postgraduada en Ecopsicología (Pacifica Graduate Institute, EE.UU.)
- Experta Universitaria en Psicología Positiva (Universidad de Valencia)
- Experta en Coaching por Crearte Coaching, formación acreditada por la ICF (International Coaching Federation)
- Practitioner en Programación Neurolingüística (PNL) acreditada por la AUNLP (American Union of NLP)
- Mentora acreditada por AMCES, Asociación Española de Coaching y Mentoring
- Máster en Desarrollo Personal y Liderazgo (Kuestiona)
- Formación en Psicología Budista (Instituto Budadharma)
- Diploma de Gestión del Cambio a través del Design Thinking (Copenhaguen Institute of Interaction Design – CIID)
Formación en Sociología, Ecología y Sostenibilidad
- Doctora en Sociología, especializada en Responsabilidad Social y Sostenibilidad (Universidad de Valencia)
- Postgraduada en “Responsabilidad Social Empresarial: Estrategia, Implantación, Auditoría y Certificación” (Universidad de Valencia)
- Máster (DEA) en Sociología – Bienestar Social y Desarrollo Local (Universidad de Valencia)
- Formación en Ecología Budista (Plum Village e Instituto Budadharma)
- Diploma en Metodología Social e Investigación (Universidad Politécnica de Valencia)
- Licenciada en Historia (Universidad de Barcelona)
Por cierto… ¿por qué las imágenes de kintsugi?
Como habrás visto, esta web está ilustrada con imágenes de kintsugi; si te apetece seguir leyendo, te cuento por qué 😉 El kintsugi es una antigua técnica japonesa que consiste en la reparación de cerámica rota utilizando barniz mezclado con polvo de oro, plata o platino. Esta técnica no sólo restaura la pieza para que pueda volver a utilizarse, sino que la hace más resistente, gracias a la dureza de los metales. Y, más importante aún, la hace más bella, destacando las grietas y roturas en lugar de ocultarlas.
El kintsugi, palabra que significa literalmente «reparación con oro», se originó en Japón en el siglo XV, y ha pervivido hasta la actualidad. En la base de esta técnica se halla una inspiradora filosofía que valora la imperfección y la historia de los objetos. En lugar de ver una pieza rota como algo que ha perdido valor, el kintsugi la transforma en algo aún más duradero, más hermoso y valioso. Por ello, es una poderosa metáfora de la resiliencia, la fortaleza, la aceptación de las imperfecciones y la valoración de las grietas… de un cuenco… o de nosotras mismas.
Kintsugi Head 1 de la escultora Billie Bond. Gres negro, resina, epoxi y pan de oro (2014). Fuente: web de la artista
Además de sentirme profundamente identificada con esta visión, el kintsugi tiene un gran significado para mí. Soy amante de la historia, el arte y la cultura, en general y, muy especialmente, de Japón. Mi fascinación por las culturas asiáticas empezó cuando era niña y, al acabar la universidad, me fui a vivir a Tokio. Aprendí su idioma y su cultura, y establecí relaciones personales que cambiaron mi vida para siempre. La cultura del país del sol naciente, su cosmovisión, su ética y su espiritualidad están en el núcleo de mi ser más auténtico.
Mi piel y mi alma están plagadas de roturas y heridas, de grietas y cicatrices, como seguro que las tuyas también. Pero hay belleza en lo imperfecto y, sobre todo, hay belleza en lo reparado, en las heridas que hemos sido capaces de sanar. Ellas dan testimonio de nuestro crecimiento personal, de nuestra fortaleza, de nuestro compromiso con las personas y con nosotras mismas.
Sirvan las imágenes del kintsugi para rendir homenaje a la vida vivida sin miedo y al arte de recomponernos con oro.